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Jun
13

Nota en Miradas al Sur: “Con una pasión científica”

Por Ignacio Jawtuschenko

A pocos días de la muerte de Néstor Kirchner algo había cambiado en la ciencia argentina. Precisamente, fue en los laboratorios de la Facultad de Ciencias Exactas, en la Ciudad Universitaria de la UBA, donde por primera vez un puñado de becarios del Conicet y profesores universitarios puso en marcha Ciencia con Cristina (CCC), un movimiento federal en apoyo a las políticas de promoción de la innovación y desarrollo del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
La suya es una tarea a dos puntas: difundir al conjunto de la sociedad los avances de la ciencia argentina y comenzar a despabilar y comprometer al ensimismado sistema científico. ¿Fácil? No, para nada. Una de las tradicionales características del terreno científico local e internacional había sido su individualismo y su estructural pudor a comprometerse en definiciones políticas. En su matriz ideológica, prevalecía el prejuicio de que la ciencia de excelencia no era compatible con el fragor de la acción política. Pero es sabido que, a pesar de los estereotipos de científicos abstraídos y desinteresados del mundo, no hay neutralidad alguna en la ciencia.
Ernesto Gallegos es geólogo, Federico Robledo es licenciado en ciencias de la atmósfera, Pablo Nuñez es biólogo molecular. Además, son miembros fundadores de CCC y reciben a Miradas al Sur en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, el único lugar del país en el que se estudia la ciencia que permite analizar el cambio climático. “En estos pasillos –dice Robledo, recorriendo la institución–, en el año 2002, había unos cuatros becarios de doctorados del Conicet. Hoy superan los 33.” Y parafraseando el refrán, pinta tu instituto y pintarás el panorama de la ciencia local.
Estos jóvenes científicos sostienen que la mejor manera de visibilizar los logros es mostrar números contundentes. Información concreta, datos objetivos y estadísticas que cuantifican el clima favorable que se percibe hacia la ciencia y la técnica en el actual gobierno.
Ciertamente, la jerarquización científica llevada adelante desde 2003 fue una decisión política concreta. Un hito que permitió comenzar a revertir la radicación de científicos argentinos en el exterior por falta de oportunidades y reconocimiento.

En el nombre de la ciencia. El CCC nace como un sentimiento. “Con la muerte de Néstor nos preguntamos qué podíamos hacer para ayudar a sostener este rumbo y nos decidimos a abrirle los ojos a los colegas, a los estudiantes, a toda la comunidad universitaria, porque este estado de bienestar del científico es algo novedoso”, reflexiona Ernesto Gallegos.
La ciencia y la tecnología nunca existen en el vacío. Se desenvuelven e interaccionan con un contexto político, social, cultural e histórico definido. Los miembros de CCC intuían que no estaban solos, pero sabían que faltaba un espacio donde cada trabajador de ciencia y tecnología tuviera oportunidad de manifestar su apoyo al proceso de transformación iniciado. Por eso, crearon un sitio web www.cienciaconcristina.com.ar desde donde reunieron ya más de 1.100 adhesiones en todo el país.
“Los logros en el sector científico no son pocos, tampoco se comunican mal, pero sin embargo algo falla. O las estrategias de comunicación no son las adecuadas o va a llevar más tiempo del que se quisiera, o simplemente a la sociedad no le importa el tema. La posibilidad que nos da la ley de medios de contar con un canal de televisión de Ciencia será trascendente”, asegura el joven geólogo.
“Queremos hacer un análisis de cara a la comunidad científica y a la sociedad. Ver dónde estamos parados en las políticas de Estado y cuantificar el sector. El cambio existe, lo muestran los números, entendemos que es una manera clara de llegar a cada uno de los científicos”, explica Federico Robledo.
Veamos. En 2007, sobre la base construida por la gestión de la Secretaría de Ciencia y Tecnología Nacional (SeCyT), el Gobierno tomó la decisión política de jerarquizar y fortalecer las políticas en esta área creando el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Pero la decisión política de potenciar la actividad científica local se deduce del análisis de la inversión pública. Históricamente, la Argentina fue un país con bajo nivel de inversión en CyT, escasos recursos humanos y un sistema nacional de innovación débil y poco articulado. A pesar de estas condiciones de contexto, logró ser el único país latinoamericano con tres premios Nobel, que domina (y exporta) desde hace décadas la estratégica tecnología nuclear y desarrolla satélites conjuntamente con la Nasa, por citar algunas actividades significativas.
Entre 2002 y 2010, el común denominador de los presupuestos de la vasta constelación de organismos científicos es su abrumador crecimiento. Por ejemplo, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) tiene un 709 por ciento más de recursos propios. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), que desarrolló el satélite SAC-D Aquarius puesto en órbita esta semana, un 1.368 por ciento más. La Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea), que potenció su perfil de innovación, recupera el desarrollo de uranio enriquecido y trabaja en el primer reactor argentino Carem, lo hace con un 845 por ciento más de recursos. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), que puso tecnología de punta al servicio de la sociedad y desarrolló hornos solares y herramientas para potabilizar el agua, entre otras cosas, creció un 690 por ciento. El Inta creció un 994 por ciento en el mismo período; el Instituto Geográfico Nacional, un 393 por ciento; el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), en un 426 por ciento.
“La mejor manera de llegarle a los investigadores de ciencias exactas es con su propio lenguaje: gráficos, diagramas, cuadros comparativos, con un análisis cuantificado tanto del financiamiento y la evolución presupuestaria como del estado de los recursos humanos”, dice Federico Robledo.
Según fuentes oficiales, en los últimos siete años se incrementó más del 500 por ciento el presupuesto general para CyT, superando los 5.100 millones de pesos en 2010. El de las Universidades Nacionales aumentó más del 550 por ciento en el mismo período, alcanzando un total de más de 10.000 millones de pesos en 2010.
“Queremos que el sistema científico piense y discuta sobre la base de la información el impacto del proyecto político actual en la ciencia nacional”, dicen en el documento Análisis y Perspectivas que puede bajarse de su sitio web.
“Los científicos no deberían sentirse ajenos a la política, porque es una actividad estrictamente de la administración y del proyecto de Estado. Tanto por sus políticas públicas, la planificación de prioridades, el financiamiento. En esta época en que la política es una herramienta de transformación, queremos que nuestro sector se reconozca como parte de un modelo de desarrollo, con incentivo a la producción nacional y a la generación de empleo”, dice Nuñez.
“Queremos que participen, se sumen, aporten. Porque es una actividad absolutamente cruzada por la política. De hecho, por eso los gobiernos militares atacaron tan fuertemente al sector científico, y la universidad. La ciencia molesta. Recordemos La Noche de los Bastones Largos en 1966, o el largo horror de la dictadura. Con el quiebre de la cultura de los años ’90, que alejó la política de grandes sectores de la sociedad, esto también se vio reflejado en la ciencia”, agrega Pablo Nuñez.

Más ciencia, mayor desarrollo. Para sacar al Conicet (que es el principal organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología del país) del coma profundo en el que lo dejó Domingo Cavallo –ideólogo de congelamiento de las vacantes en el organismo científico, dado que los científicos en el menemismo no servían más que para “lavar los platos”– era necesario el incremento de recursos humanos.
Según los datos que aporta CCC, entre 2003 y 2010 el Conicet incorporó más de 8.000 personas, aumentando un 93,2 por ciento su personal total. La cantidad de investigadores en 2003 era de 3.804, incrementándose a 6.350 en 2010. Desde el año 2003, se incorporan cada año al Conicet 500 becarios y 1.500 investigadores.
El número de investigadores del Conicet se incrementó un 67% en siete años. En 2003, contaba en todo el país con 488 científicos menores a 40 años. En mayo de 2010, este organismo alcanzó los 1.613 investigadores menores a 40 años; es decir, creció un 231 por ciento. El joven que terminaba sus estudios universitarios no tenía más alternativa que tomarse un avión en Ezeiza. En cambio, dicen los científicos del CCC, “hoy se genera una masa crítica de científicos jóvenes con la capacidad de sumarse a las instituciones nacionales para fortalecer a la construcción del proyecto de país”. Según CCC, en 2003 eran 2.378 los becarios del Conicet; en mayo de 2010 eran 8.122. Sólo en 2009 ingresaron 859 becarios, y entre 2010 y 2011 hubo 1.500 más. “Ahora, quienes se van, lo hacen por elección propia, no por falta de oportunidades en la Argentina”, aclara Nuñez.
“Respecto a los salarios, los becarios pueden en la actualidad sostener una familia, antes era becas de hambre”, recalca Ernesto Gallegos. Entre 2003 y 2010, el sueldo promedio de los investigadores de categoría inicial se incrementó más del 474 por ciento. El promedio del salario para todas las categorías de investigadores, en 2010, fue de $10.894 y el de los becarios de $5.164.
Los miembros de CCC tampoco se olvidan de lo edilicio. Destacan que luego de décadas de abandono, en febrero de 2008 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó un plan federal de infraestructura específico en el que se prevé la ejecución de 50 obras destinadas a instituciones de investigación en 13 provincias, que posibilitará la construcción de 137.650 metros cuadrados. En marzo pasado, se anunció además que se destinarán 25 millones de dólares más a la mejora y el fortalecimiento en infraestructura de las Unidades Ejecutoras del Conicet.

(Ver nota original acá)