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La ciencia y los Derechos Humanos

Publicado el 1 de Diciembre de 2011

Por Emilce Moler Comisión Provincial por la Memoria.

Tal vez a la enseñanza científica y tecnológica le falte la parte de formación social y de concepciones políticas. Los Derechos Humanos todos deberían estudiarlos, como ciudadanos y como futuros profesionales o investigadores en los distintos campos.

Quisiera reflexionar sobre cómo los Derechos Humanos están sustentados en cuestiones de ciencia y tecnología, aunque a veces no se visualiza con claridad. La propuesta es juntar esos dos mundos que parecen tan disociados, demostrar que no lo están, que pueden trabajar juntos, porque ya lo han hecho. Se dice que no hay disciplina sin aplicación. Pero hay que repensar la cuestión conceptual del científico: ¿para qué está trabajando? ¿Cuál es su compromiso social en la aplicación de la ciencia y la tecnología?
En 1998 yo dirigía un equipo de investigación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Ahí llevamos adelante un proyecto de procesamiento de imágenes para la identificación de personas desaparecidas a través de distintas técnicas y descubrimientos científicos. Todavía no había sido el auge que tuvo luego la cuestión de la identificación por ADN. En ese momento el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) no tenía grandes subsidios y buscaba que alguna universidad pública lo ayudara en forma gratuita con estos estudios científicos. Nosotros acompañamos al EAAF por una decisión política por un fuerte compromiso con el tema. Y costaba convencer a todos de la importancia que tenía.
Quizás hoy es mucho más atractiva una investigación así. Ahora la ciencia y tecnología son absolutamente valorizadas. Pero en esos momentos, año 1998, era algo desconocido. Recuerdo que no teníamos dinero para comprar tinta para imprimir las huellas dactilares que analizábamos. También necesitábamos un software para esta investigación y tuvimos que pedir un subsidio especial. Por suerte hubo gente comprometida que nos ayudó. En esa época, la ciencia y tecnología y los Derechos Humanos eran dos campos absolutamente devaluados. Comenzamos a interactuar fuertemente con el EAAF y la Dirección de Personas Desaparecidas de la Provincia de Buenos Aires. En 2001, con este trabajo recibimos un premio en los EE UU por “innovación” en una aplicación de ciencia y tecnología en el campo de la antropología forense. Era algo inédito en todo el mundo, que acá se desarrolló por la magnitud de casos de desaparecidos que hubo.
El caso más relevante que logramos identificar fue la madre de Manuel Goncalvez, nieto recuperado. Por estas burocracias de la dictadura, teníamos algunos dactilogramas de personas desaparecidas. Los policías cuando los secuestraban les sacaban las huellas digitales para sus expedientes. Pero estaban mal tomadas, borrosas y los peritos forenses no podían verlas. Cuando aparecieron estas técnicas de procesamiento de imágenes trabajamos años mirando huella por huella. En este caso el perito pudo ver la huella que pertenecía a una mujer: Ana María Granados. Al identificarla se reconstruye su historia de vida, que había tenido un bebé, que la habían matado en San Nicolás. El problema es que cuando la secuestran llevaba documentos falsos. Pero luego por las huellas logramos identificar su verdadera identidad. En San Nicolás se encontró un bebé que se había dado en adopción en esas fechas. Así Manuel Goncalvez supo quién había sido su familia biológica.
También estuvo todo el trabajo de superposición foto-cráneo. Los familiares acercaban radiografías de los desaparecidos y podíamos analizar los senos frontales. Son como las huellas digitales, son únicos en cada persona y analizando su forma es otra técnica de identificación. Entonces, con los cráneos encontrados, se sacaba una radiografía post mortem que se comparaba con las que había pre mortem. Si estaban sacadas de diferentes puntos se dificultaba la comparación. Pero aplicábamos una serie de técnicas matemáticas para analizar variables. Con esos cálculos nos permitía saber si tal persona estaba dentro de ese conjunto de posibilidades. Servía más bien para descartar y luego, con más elementos, se podía identificar a la persona.
Después fue el boom de las cuestiones de tipo genético: el ADN es lo que más se conoce para la identificación de personas. Pero hubo otros intentos anteriores que fueron precursores en esta tarea. Y hoy en día también hay muchas cuestiones que están atravesando la cuestión científico-tecnológica en todo este tema, como por ejemplo toda la informatización, que aun hay que darle la visibilidad correspondiente.
Se está construyendo una base de datos entre la Comisión Provincial por la Memoria y el Archivo Nacional de la Memoria que permitirá unificar las bases de datos sobre estos avances y los científicos y tecnólogos que decidieron trabajar en esto y no en una empresa multinacional. Aquí es donde juega el rol de la política y las definiciones del papel que tienen la ciencia y la tecnología hoy en día. Los conocimientos son los mismos, pero es importante definir dónde se van a aplicar.
Otra disciplina que es muy importante es la visualización de datos. Hoy justamente lo que hay es abundancia de información, lo complicado es saber qué hago con todo eso. Esta disciplina específica propone una manera de ver datos más compleja que en un gráfico. Son técnicas visuales que permiten presentar de manera mucho más interesante conglomerados, agrupaciones, interrelaciones. El EAAF lo está trabajando con la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA para reconstruir circuitos de los centros clandestinos y ordenar esa multiplicidad de información que tienen.
En Ciencias Sociales y en el campo de los Derechos Humanos se puede trabajar con todas estas técnicas de las Ciencias Exactas que complementan y facilitan absolutamente la tarea. Se tiene que dar una simbiosis entre estos dos mundos, que se empiecen a entender ambos lenguajes, que esté la decisión política de trabajar conjuntamente, que no sea uno la cuestión instrumental del otro.
Tal vez a la enseñanza científica y tecnológica le falte la parte de formación social y de concepciones políticas. Los Derechos Humanos todos deberían estudiarlos, como ciudadanos y como futuros profesionales o investigadores en los distintos campos. No es solamente para quienes se dedican a un posgrado de Derecho. Son las concepciones que todos deberían tener. Cada vez más se requieren profesionales que trabajen interdisciplinariamente al servicio de los ciudadanos.
Aquí enumeramos algunos casos de estos cruces pero es necesario seguir en esta dirección, asociar estos dos mundos que están altamente atravesados. En la formación de las carreras técnicas hay que trabajar todo esto, para que no sea sólo la libre elección de voluntades individuales, sino que haya una orientación desde la institución, sobre todo desde la universidad pública. Cada actividad que vayan a ejercer tiene que partir de una decisión política y de compromiso social. En los colegios secundarios, desde el Ministerio de Educación y el Programa Jóvenes y Memoria de la CPM, trabajamos estos temas. No deberían estar disociados en la formación universitaria. Los docentes tienen que ofrecer este abanico de posibilidades y de aportes para sembrar la inquietud en los estudiantes.