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Barañao: “La sociedad espera algo del científico”

Publicado el 6 de Febrero de 2012 en Tiempo Argentino.  Por Claudio Mardones.

El primer ministro de Ciencia y Tecnología de la Argentina destaca el cambio de paradigma que significó para ese sector el modelo inaugurado el 25 de mayo de 2003. Asegura que cada vez más multinacionales se interesan por el trabajo de los científicos argentinos que valen “miles de millones de dólares”. Llamó sin embargo a no olvidar que es todo el conjunto de la sociedad el que se esfuerza para poder financiar la investigación.

Me encuentro con mucha gente que me dice: ‘yo no estoy de acuerdo para nada con este modelo, pero rescato al Ministerio de Ciencia y Tecnología’, y la verdad que es un error: este ministerio tiene sentido en este modelo, por eso no hubo antes un ministerio así”, dice convencido el experto en Biotecnología Lino Barañao, en la oficina que ocupa desde diciembre de 2007, cuando la presidenta Cristina Fernández lo designó como el primer ministro de Ciencia y Tecnología de la historia nacional. “Hay pocos ministerios de este tipo a nivel mundial y en América Latina sólo hay tres, pero el nuestro es el único que trabaja con el componente de innovación productiva”, relata este doctor en Ciencias Químicas de la UBA que, a los 57 años, transita el quinto año de conducción de una de las carteras “mimadas” del Gabinete y que ahora enfrenta negociaciones “por miles de millones de dólares con compañías trasnacionales por nuestros descubrimientos”, revela entusiasmado.

-Pero en esa trama de intereses, ¿qué papel juega el empresariado argentino ante este modelo de ciencia y tecnología?

–Acá hay algo central: este ministerio es parte inherente del modelo que plantea el kirchnerismo. Esto no es un hecho aislado, es parte inherente a este cambio en el modelo productivo, que se planteó en estos últimos años, sin embargo no sólo hace falta un cambio en el modelo científico, sino también en el modelo productivo.

–¿Por qué?

–Ambos mundos vivieron disociados desde su origen, con visiones incompatibles, como el académico que sólo piensa que el empresario sólo busca el lucro y que si viene a verlo es para explotarlo, y el empresario que cree que el investigador es un parásito y cree que lo que hace a nadie le interesa y que satisface su ego.

–¿Acaso no es así?

–No es verdad en términos generales, pero tiene aspectos ciertos, porque el empresario sigue buscando la rentabilidad y el investigador busca el reconocimiento de sus pares. Los dos buscan un fin que no es altruista, y ninguno de los mecanismos de recompensa que tienen estas dos estructuras garantiza la responsabilidad social, por eso debe intervenir el Estado: el sistema científico recibe de la sociedad fondos con los que produce información que el sistema productivo convierte en bienes y servicios que le llegan al ciudadano que aportó los fondos.

–¿Cree que es posible que crezca la relación entre la ciencia y el capital?

–El empresario y el académico se asocian si hay algo concreto para hacer y por eso hay que poner una zanahoria grande, porque si no por dos pesos con cincuenta no viene nadie, para eso me dedico a lo que estoy haciendo, publico mi paper y alimento el turismo. Esa zanahoria es un subsidio importante, de hasta 7 millones de dólares de subsidio pleno. Obviamente, no le damos a cualquier proyecto, ni de golpe, pero estamos trabajando con más de 100 proyectos de Biotecnología y otras disciplinas, con 9000 investigadores en total.

–En ese proceso, de creciente regreso de científicos al país, ¿existe una nueva subjetividad de los investigadores en su relación con el Estado?

–Estamos hablando de que el científico, al que le paga el Estado, se dé cuenta que a diferencia de un investigador del renacimiento, al que lo bancaba un mecenas, en este caso lo banca la sociedad que espera algo de él. Que se dé cuenta que no se le paga para jugar a ser Premio Nobel y que adquiera conciencia de su responsabilidad. Estos miles de pesos que el Estado gasta en salarios y reactivos, son una inversión de la sociedad. Eso sin dejar de mencionar que seguimos financiando con el sistema tradicional, desde los que investigan Historia hasta los que trabajan con Física Cuántica.

–Apenas asumió, dijo que su papel empezaba una nueva etapa, ¿a qué se refiere?

–Ahora no sólo debo administrar la ciencia, sino también un fondo de inversión pública. Con este fondo estamos obteniendo resultados importantes en vacunas, tratamientos para el cáncer, mejoramiento de cultivos para resistir a la sequía. Descubrimientos que valen miles y miles de millones de dólares en serio. Hay ofertas por esos montos y estamos negociando con grandes compañías multinacionales, pero no es fácil porque esas empresas son muy hábiles, y porque el punto G del investigador es el ego.

–Así como el punto clave en la economía es el lobby… ¿Cómo se convive entre el ego de los investigadores y las influencias de las empresas?

–En este ministerio hay una ventaja porque el lobby tradicional del sistema productivo no viene acá, sino que va a conseguir alguna prerrogativa fiscal o algun incentivo. En este caso, soy yo el que los tiene que ir a buscar para que aporten a la investigación. Pero hay sectores y sectores, algunos muy recalcitrantes.

–¿Por ejemplo?

–El sector de la construcción, que es clave por la emergencia habitacional, la crisis energética y por la cantidad de gente que emplea, no investiga. Pero como contracara está el campo, que décadas atrás era muy conservador, ahora tiene la prueba vigente que la investigación les aumentó la rentabilidad más allá de lo que hubieran imaginado. <

Minería en el ojo de la tormenta

–¿Cómo responde la ciencia argentina ante el debate de la megaminería?

–Hay una gran desconfianza por el control del Estado, aunque si tengo un grupo de científicos creíbles que demuestren cómo son las cosas, creo que habremos aportado al debate.

–Pero en Belén y Famatina dicen que están muy bien informados y que no quieren explotaciones mineras cerca.

–Tenemos que llevarles información objetiva, hay cosas ciertas y otras que no son tanto.

–¿Existe intercambio científico con Inglaterra?

–Más allá del discurso belicista de James Cameron, la comunidad científica inglesa tiene el mejor concepto de sus colegas argentinos y quieren colaborar. Somos un pais civilizado, César Milstein ganó el premio Nobel trabajando allá, y por eso ahora vamos a firmar un convenio con varias universidades británicas, para demostrar también que si ellos mandan buques de guerra, nosotros respondemos con ciencia.