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Jul
06

Dialogar y articular

Está al frente de la herramienta de promoción de la ciencia y la tecnología más importante del país. Tiene experiencia dentro y fuera del CONICET, y la noticia de su nombramiento tuvo respuestas muy favorables en el ámbito científico. Roberto Salvarezza destaca en esta entrevista que su gestión se regirá por un trabajo asociado al resto de las instituciones y analiza los puntos de conflicto con la universidad.

Por Armando Doria del Servicio de Información Científica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – UBA

El despacho del presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas es neutral e impersonal, como un decorado para televisión. En una de sus paredes hay una biblioteca enorme con una colección de libracos que parecen idénticos, todos con la palabra “Derecho” en el lomo. Designado el 8 de mayo pasado al frente del mayor organismo de promoción de ciencia y tecnología del país, el bioquímico y nanotecnólogo Roberto Salvarezza está sentado a la mesa de reuniones del despacho, listo para empezar la entrevista. Su asistente de prensa le pide que se acomode la corbata, por las fotos. Lo hace con desgano y asegura que lo suyo no son las corbatas ni el protocolo; su trato cordial y cercano parece confirmarlo. “Yo fui secretario de Ciencia y Técnica en la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata, fui director de institutos, coordinador del Centro Argentino-Brasilero de Nanotecnología, hice mucha gestión. Pero ahora es todo gestión, mi tiempo está acá”, comenta sin poder dejar de mencionar  que, hasta hace pocos días , “era un investigador, estaba dedicado a mi laboratorio. Ahora, por un tiempo, voy a estar completamente fuera del laboratorio”.

Como declaró en esta y otras entrevistas periodísticas, Salvarezza estuvo “de ambos lados del mostrador”. Esto es, gestionando en institutos CONICET y gestionando en la universidad; siendo profesor universitario e investigador del CONICET. A partir de esa experiencia, concluye que los problemas que pueda haber entre los distintos mundos institucionales “no son conceptuales, es falta de diálogo o de entendimiento, un problema de actitud”, afirma.

El CONICET es un organismo autárquico que cuelga del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. Como bien sabe la comunidad científica, la sede del CONICET es administrativa y la actividad que promociona se desarrolla en ámbitos de lo más variados. En palabras de su presidente: “El CONICET es una especie de estructura transversal que impacta en todas las instituciones del sistema científico y tecnológico. Nosotros estamos en el ámbito del Ministerio pero asociados a las universidades nacionales, que dependen del Ministerio de Educación; a la Comisión Nacional de Energía Atómica, que depende de Planificación; al INTA, que depende de Agricultura; al INTI, que está en Industria”.

– El CONICET está en todos lados, digamos.

– Digamos que se filtra a través de todas estas instituciones. Por eso, cuando hablamos de promocionar la ciencia y la tecnología en el país, resulta una institución central.

– Semejante abanico puede generar ambigüedades, tensiones.

– Efectivamente. Y creo que eso se puede solucionar porque el CONICET no hace políticas, es un órgano que promociona, fomenta… Lo que hace es trabajar sobre las políticas que establece el Estado Nacional a partir del Ministerio, no es que nosotros tenemos que tener políticas propias.

– Quizás en algunas oportunidades no fue así y el CONICET parecía generar y ejecutar sus propias políticas.

– Yo creo que lo que ha pasado es que durante mucho tiempo carecimos de políticas científicas. Al carecer, los organismos de alguna manera actuaron, tomaron las iniciativas porque existían y tenían que cumplir sus objetivos. Lo hacían de una manera intuitiva, disociada o independiente. A partir de 2003, el discurso de ciencia y tecnología cambia. La ciencia y la tecnología se revalorizan, como en toda sociedad moderna, como una de las actividades que impacta positivamente en el desarollo de un país. Con ese discurso se empiezan a proyectar políticas, a partir de ahí el CONICET tiene que pensar como un ente que fomenta y promociona en el marco que el país decide. Con este presidente, va a funcionar así.

En su discurso, Salvarezza insiste con un concepto que puede entenderse como central de su propuesta de gestión: la articulación. “Mi pensamiento es, de alguna manera, el fruto de discusión con muchos colegas que son del CONICET y muchos otros que no lo son”, explica exponiendo las bambalinas de su leit motiv: “Veo al CONICET como una institución que tiene que ser socia de los otros organismos de ciencia y técnica. Nosotros no vamos a competir con los otros organismos, nos tenemos que complementar. No queremos invadir las otras instituciones, las queremos respetar, hay acciones que nosotros podemos ejecutar y ellos no pueden hacer y viceversa”.

Por lo menos para el caso de las universidades nacionales, Salvarezza considera que el peor momento de tensión con el CONICET ya ocurrió, hace unos veinte años, “cuando incluso se cuestionaba la necesidad de que el Consejo existiera”, indica. Sin embargo, la necesidad explícita de “articulación” manifiesta una desarticulación actual o, por lo menos, cierto conflicto para conseguir articular lineamientos y políticas. “Reconozco que hay puntos donde tenemos que trabajar, el mensaje de este presidente es que nosotros queremos una política de complementariedad”, explica y agrega que “las universidades son quienes más han acompañado al CONICET desde un principio. No podríamos estar trabajando sin los estudiantes, que son quienes después forman parte del posgrado, reciben nuestras becas y muchos de los cuales terminan siendo los investigadores del CONICET”.

– ¿Cómo explica las tensiones entre, por ejemplo, el CONICET y las universidades o, en particular, algunas facultades?
– Cuando hay dos instituciones que dependen de diferentes organismos y que tienen diferentes presupuestos destinados a diferentes objetivos, y las integrás en una dinámica donde tienen puntos de contacto, siempre puede haber fricciones. Las autoridades de las instituciones tenemos que tratar de aprovechar la parte positiva de esa dinámica y bajar el frente de rozamiento al mínimo. Lo que se necesita es articulación y diálogo. Si tenemos un punto donde bajar niveles de conflicto, lo vamos a hacer; de ninguna manera podemos actuar de manera independiente.

– ¿Y ya comenzó ese proceso?

– Sí, tenemos que trabajar y lo estamos haciendo. En el caso de las universidades, el diálogo no es solamente con los rectores, yo he recibido a decanos para escuchar los problemas puntuales que había con las unidades académicas. Es lógico que haya problemas con algunas unidades académicas específicas, porque es ahí donde se juntan las dos placas tectónicas, digamos. Respecto de las unidades ejecutoras, mi intención es que no vamos a promoverlas donde las instituciones no las pidan. Lo primero que tenemos que saber es qué interés hay de que esa unidad ejecutora exista.

– ¿Hay puntos en común entre las problemáticas que se dan en las distintas universidades o facultades de todo el país o son diversas?

– Hay algunos puntos que pueden ser comunes. Creo que hay un punto que es muy importante y que es visualizar a los directores de institutos de doble dependencia con la perspectiva correcta. Cada director de instituto es elegido por un concurso en el cual participan ambas instituciones: el director es elegido por representantes de la Facultad involucrada y  representantes del CONICET. Y los institutos tienen que tener una relación fluida y estar políticamente en contacto con ambas partes, es una situación que los directores tienen que tener claro: no responden al CONICET, tienen que responder al CONICET y a la universidad o a la facultad. Cuando vos te presentas a un concurso de director tenés un plan y a ese plan lo evalúa el jurado y ese jurado no es sólo una parte.

– Después de años sin conflictos fuertes y con pleno crecimiento del sistema científico en cuanto a presupuesto, recursos humanos e infraestructura, hace pocos meses cobró notoriedad el reclamo de los becarios de doctorado. ¿Cómo analiza esa herencia?

– El CONICET está dando una beca para formar un doctor en un programa de posgrado. La persona que opta por ser doctor hace una apuesta personal, vos pensás que ese título te va a dar una competitividad. Por otro lado, también es cierto que hay una responsabilidad del Estado que está queriendo más doctores, porque Argentina los necesita. En ese contexto, claramente el CONICET no tiene la única responsabilidad. Hay dos responsabilidades. No hay ningún programa de posgrado de una universidad nacional que diga que forma doctores para ser empleados del CONICET ni tampoco para ser empleados de una facultad. Suponemos que ese profesional va a insertarse en la sociedad. Aquel que piense que la salida laboral del doctor es el CONICET le está pifiando a lo que es el contexto de un posgrado. Que el CONICET tome una porción de esos doctores para ingreso a carrera es una política del CONICET y el número está más o menos pautado, va a crecer al 10 por ciento en los próximos años. Lo que hay que plantearse es que, si hay una cantidad de doctores que no se están insertando, estamos tirando la plata, lo que tenemos que hacer es articular con otros actores.

– ¿Como cuáles?

– Puede ser el sector privado, que no ha respondido tal vez como se esperaba, pero también hay otro nicho como, por ejemplo, los municipios, los ministerios. Hay casos de ministerios que hicieron concursos de personal y no ha habido doctores que se hayan presentado. En el momento de presentarse a una beca hay que entender muy bien a qué se presenta uno, porque no es que se está presentando alguien que no entiende muy bien el sistema, se está presentando un graduado universitario, conoce el mundo académico.

El universo CONICET no parece sencillo: ejecutar políticas nacionales a través de una variedad y vastedad de instituciones, cada una con sus objetivos particulares y sus conflictos internos. A priori, puede pensarse en una estructura difícil de asir y, por lo tanto, de direccionar. Salvarezza considera que “hay que dar mensajes de hacia dónde se mueve todo. La política la fija el Ministerio y vos vas marcando hacia dónde te querés mover”. El uso del “timón” tiene para el nuevo presidente algunas prioridades, entre las que destaca la mejora de evaluación tecnológica. El objetivo es fomentar que los investigadores que se dediquen al desarrollo, transferencia y a resolver problemas concretos de interés nacional no sean “castigados” por no haber publicado papers. “Ya empezamos a analizar la situación y pronto tendremos propuestas”, afirma. También tiene en el tope de su agenda trabajar para cambiar la matriz, federalizar, “apoyar la regionalización con reglas claras”.

Ya finalizando la entrevista, la fotógrafa le pide que se acerque a su escritorio para hacer una toma posada. A Salvarezza tampoco le cae muy simpático el sillón “de mando”, como ocurre con la corbata, y elige no sentarse; se apoya en el borde del escritorio. Y desde ese lugar, vuelve a remarcar la política de acuerdos, fuera de cualquier confrontación.

CONICET PARA TODO PÚBLICO

Si bien el mundo académico, científico y tecnológico está ampliamente familiarizado con el significado del CONICET y su funcionamiento, son muchos los sectores que lo desconocen. A continuación, su presidente, Roberto Salvarezza, lo describe: “El CONICET es un organismo autárquico que pertenece a la esfera del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y cuyas actividades están destinadas a la promoción de la ciencia y la tecnología. ¿Cuáles son las actividades que hace el CONICET para cumplir con promoción y fomento? Por ejemplo, dar becas para la formación de doctorados de acuerdo a los posgrados de universidades nacionales. Asociamos nuestras becas con la formación de doctores a través del posgrado universitario, mantenemos la carrera de Investigador pagando los sueldos, tenemos una carrera de Técnico, tenemos unidades ejecutoras a las cuales financiamos sus gastos, financiamos proyectos, reuniones científicas, promovemos la cooperación internacional a través de convenios. Las actividades que cumple CONICET son múltiples. La acción de fomentar y promocionar se refleja posteriormente a otra cantidad de acciones que son muy complejas, que abarcan desde pagar salarios, estipendios de becas, mantener una infraestructura de funcionamiento a través de la actividad de los institutos o a través de equipamiento para estos institutos.El CONICET tiene una sede central pero su actividad se cumple en múltiples ámbitos. Tiene más de un centenar de unidades ejecutoras, muchas son de doble dependencia: tiene investigadores en otros organismos como el INTI, la CNEA o las universidades nacionales.

Con respecto a las referencias a nivel internacional, el presidente indica que “el Consejo Superior de España, si bien existe, se manejaba muy parecido a nosotros hasta que separaron el Consejo Superior de las universidades, entonces no tenemos un modelo similar. Creo que el modelo del CONICET requiere manejarlo desde el punto de vista del CONICET, el aparato científico argentino no es muy simple. Creo que tenemos que aprender de nuestra experiencia y mirarlo desde la óptica de nuestro sistema, que no es igual a ninguno.

TECNOLOGÍA O PAPERS, ESA ES LA CUESTIÓN

“El CONICET tiene una fracción de investigadores que son tecnólogos, pero que es muy pequeña. Sobre el total de los siete mil investigadores, deben ser 160 los tecnólogos que se declaran como tales”, afirma Salvarezza. Además, repasa que “desde el 2003 en adelante se ejecuta toda una serie de instrumentos, primero desde la Secretaría de Ciencia y Técnica y después desde el Ministerio, en los cuales se pone énfasis en la transferencia tecnológica. Se trata de que los científicos se muevan desde la instancia de generar el conocimiento hasta el producto final. Hoy en día, en la práctica, hay bastante más gente involucrada en temas de tecnología: en Exactas de la UBA hay varios proyectos importantes, por ejemplo”. El problema se presenta, cada cuatro años, al momento de la evaluación de los investigadores. Se explaya Salvarezza: “Vos no le podés decir a un investigador que lo vamos a evaluar a partir del número de papers que publicó porque ese tipo va a dudar en dedicarse a hacer otra cosa que publicar papers. El mensaje debería ser que los vamos a evaluar por los proyectos que están ejecutando. Puede ser un proyecto que esté en la frontera de la tecnología o puede ser una frontera de desafío para el país. Va a haber un director de proyecto que va decir cómo avanza ese proyecto y va a haber un informe. Así, el aporte tecnológico va a ser evaluado realmente. La comisión que va a evaluarlo va a contar con un insumo relacionado con el proyecto, no relacionado con un paper. Luego, cuando termina el proyecto va a poder volver a su actividad básica sin ningún problema, si lo desea. Desde el CONICET tenemos que apoyar esto desde la evaluación o bien el riesgo es que nos reprochen después que hacemos fracasar este tipo de políticas porque pedimos solamante papers a la hora de evaluar. Creo que tenemos que trabajar con mensajes de este tipo: trabajen tranquilos en tecnología, hagan todo lo mejor que puedan, esa es la idea”.

Nota completa en Servicio de Información Científica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – UBA